[Intro]
La ciudad respira en negro, una casa sin lámpara, una calle sin voz.
[Verse 1]
La noche cae sin zarpazo, y el tráfico se apaga en un susurro.
Las ventanas son ojos que tiemblan, buscando una chispa en el pavimento.
Los primeros temblores del miedo ruedan por las aceras, como lluvia sin cielo.
Pero en cada cuarto, una lámpara interna se enciende con el deseo de sobrevivir.
[Pre-Chorus]
Paso a paso, la gente respira hondo, se tiñe la piel de insistencia.
Recordamos nombres, rostros, gestos; la memoria se vuelve linterna en la pared.
[Chorus]
La oscuridad no vence del todo, resiste la esperanza que late en cada piso.
Nos miramos y hallamos fuerza en la mano que se apoya, en la voz que no se apaga.
Si la ciudad calla, aprendemos a oírnos dentro, a encender un faro en el pecho.
Juntos buscamos la luz interior que no se apaga, a pesar de la noche.
[Verse 2]
En las esquinas, risas temblorosas, historias que se vuelven cántico de vecinos.
Una madre une a sus hijos con una linterna improvisada, una vela, un ritual de calma.
Un anciano recuerda anuncios pasados, y la memoria se convierte en mapa de ruta.
Entre cortinas de polvo y humo de silencio, nace una red de manos y palabras.
[Pre-Chorus]
Se escucha el latido colectivo, un pulso que atraviesa la oscuridad.
Cada teléfono sin señal se vuelve poema, cada beso en la penumbra, promesa.
[Chorus]
La oscuridad no vence del todo, resiste la esperanza que late en cada piso.
Nos miramos y hallamos fuerza en la mano que se apoya, en la voz que no se apaga.
Si la ciudad calla, aprendemos a oírnos dentro, a encender un faro en el pecho.
Juntos buscamos la luz interior que no se apaga, a pesar de la noche.
[Bridge]
Silencio en la avenida, quien no grita escucha al alma.
Memorias brillan como estrellas en la retina de una ventana.
La rutina cede ante el miedo, pero el deseo de volver a casa vence.
[Chorus]
La oscuridad no vence del todo, resiste la esperanza que late en cada piso.
Nos miramos y hallamos fuerza en la mano que se apoya, en la voz que no se apaga.
Si la ciudad calla, aprendemos a oírnos dentro, a encender un faro en el pecho.
Juntos buscamos la luz interior que no se apaga, a pesar de la noche.
[Outro]
Cuando al fin vuelve la chispa, ya no es la misma ciudad: es un latido compartido.
Guardamos en el pecho las sombras para que no nos apaguen, y seguimos mirando hacia la luz que crece.