Crecí con el viento en contra,
con puertas que no se abrieron,
aprendí a llorar bajito
para no romper el suelo.
Me hice fuerte en el fuego,
con cicatrices sin voz,
nadie vio que por dentro
me estaba diciendo adiós.
Así que brindé por nada,
corrí sin mirar atrás,
si dolía lo hacía fiesta,
si quemaba… un trago más.
Bajo las luces gritaba
“mírenme, estoy bien”,
pero al final de la noche
me caía otra vez.
Rodeada de gente
y tan lejos de mí,
hasta que en medio del ruido
escuché: “no te vas a rendir”.
Besos que no significaban,
amigos que saben huir,
yo bailando con mis heridas
que no me dejaban dormir.
Y cuando toqué el fondo
y no quedaba mas,
una mano sostuvo
lo que quedaba de mi corazón.
Ya no necesito luces
para sentir que existo,
cambié la copa vacía
por un amor infinito.
Si el pasado me llama
no vuelvo a caer…
porque Aquel que me encontró herida
me amo primero.