VERSO 1: EL ESPEJO DEL PASADO)
Me apareció ella, la primera que me robó los labios, los hechos.
La primera vez que sentí lo que es querer de verdad.
Y mira qué cosa: con ella empezaron mis malas decisiones.
Vaya casualidad, ¿no? O tal vez la vida te pone el espejo
justo donde menos te atreves a mirar.
También empecé a equivocarme, a seguir caminos que no eran míos,
a llevar zapatos que me apretaban, a hablar un idioma que no era el mío.
Qué despropósito, qué teatro sin guion, qué juego con reglas ajenas.
Me tomó más de 20 años sacar la carrera, levantarme del suelo,
hacer de todo, ser coach, escribir cartas de perdón y de despido,
limpiar las sobras de lo que otros pusieron en mi plato,
hasta llegar hasta donde estoy ahora: sin miedo, sin deudas,
sin deberle explicaciones a nadie más que a mí mismo.
Y saben qué: hoy lo veo claro y le doy las gracias de corazón,
porque ella fue como un ángel que pasó por mi vida...
o como quien se sube a un tren sin decirte dónde vas,
sin aviso ni razón, sin boleto de regreso.
Te subes, viajas un tiempo, disfrutas el recorrido,
sientes que el viento te pertenece, que el paisaje es tuyo...
y de repente ¡zas! Se va, se baja en otra estación,
y tú te quedas mirando las vías pensando:
"¿Y ahora qué? ¿Qué hago con este sentimiento que no se va?"
Yo me quedé esperando, creyendo que volvería,
que todo se arreglaría con tiempo, con paciencia, con un "lo siento".
Mientras ella construía su vida, se casaba, avanzaba,
yo me quedaba aquí con el corazón en pedazos,
sin tener el valor de seguir mis propios pasos.
¡Qué ridículo! ¿No lo creen? Pasé años cuidando una semilla
que nunca iba a germinar, en tierra que no era fértil,
mientras mi propio jardín se secaba por falta de atención.
Me pasé años esperando algo que nunca iba a volver,
mientras ella tomaba cada curva de su camino sin mirar atrás.
Y yo me quedaba atascado en una casa, en un lugar que no era el mío,
sin saber qué hacer, sin tener las llaves de mi propia puerta.
Y ahí empezó lo peor: