"LA NIÑA QUE HABLÓ CON LA VIRGEN"
Tres meses de vida y ya tenías un faro,
una promesa envuelta en un manto de encaje claro.
Te llevaron al Cobre, con el alma en un hilo,
y la Virgen te miró desde su trono tranquilo.
El silencio se hizo cuna, la iglesia se hizo mar,
y tus ojos de bebé se quedaron sin pestañear.
Todos vieron a una niña mirando al altar,
pero tú, solo tú, la escuchaste hablar.
Y en ese diálogo callado, en esa luz sin testigos,
la promesa se selló: "Esta niña estará conmigo".
No hubo más miedo en la casa, no hubo más rezos de urgencia,
solo la certeza dulce de una divina presencia.
Desde entonces, Lisandra, tu camino fue florecer,
como si la misma Madre te enseñara a crecer.
Hablaste antes de tiempo, caminaste sin temor,
con la gracia de quien sabe que la protege un amor.
¡AY, VIRGEN DE LA CARIDAD, QUE LA MIRASTE A LOS OJOS!
¡DESDE ESE DÍA, TUS PASOS FUERON TESTIGOS Y TESTIMONIOS!
DOCE AÑOS DE LUZ, DE PREGUNTAS, DE INTELIGENCIA SIN PAR,
UNA NIÑA QUE CRECIÓ SABIENDO QUE NO ESTABA SOLA EN EL MAR!
No eres solo el milagro de aquel golpe que no dolió,
eres la niña que escuchó lo que nadie más oyó.
Una conversación eterna, un susurro en la brisa,
la Virgen en tu pecho, tu alma su sonrisa.
Y hoy que cumples doce abriles, con tu risa y tu don,
llevas dentro de tus ojos aquella vieja conversación.
Lisandra, la bendecida, la que supo florecer,
la niña que a los tres meses… aprendió a creer.