Una vez que puse mis ojos en ti, me enamoré por primera vez de tu gran amor y de tu cariño.
No me quiero ir de tus brazos, quiero quedarme en ellos sin soltarte.
Quiero permanecer en tu gran amor.
No me quiero ir de tus brazos porque solo tú me das el amor que necesito.
Eres mi Padre, Abba, y no quiero alejarme de tus brazos.
Amo tanto tu presencia que solo quiero estar en ella, sentir tu amor.
Solo te quiero a ti.
Quiero quedarme en tus brazos y amarte,
quiero perderme en tu mirada y llorar en tus brazos.
Te amo tanto, Señor, que no quiero alejarme de tu presencia.
Solo quiero tu presencia, quedarme en tus brazos y llorar en ellos.
Necesito tus abrazos y tus palabras,
que valen más que el zafiro más precioso, más que el diamante más caro.