Pepito juega en el patio gris,
Con su resortera hecha para herir,
Apunta lejos, sin preguntar,
A todo lo que ve pasar.
Las piedras vuelan, cruzan el sol,
Caen pesadas, hacen temblor,
Y en cada golpe que da al caer,
Algo se rompe sin volver.
Gira la goma, tensa y va,
silba el aire al disparar,
cuando pega, nadie ve,
lo que deja sin volver.
Pepito ríe, no mira atrás,
Dice que es solo por jugar,
Pero el suelo empieza a hablar
Con grietas que no paran más.
Las casas tiemblan al resonar,
Ventanas lloran al estallar,
Y en el polvo se puede sentir
Que ya no queda a dónde ir.
Pepito apunta una vez más,
Con manos firmes, sin dudar,
Porque el juego le hizo creer
Que todo es blanco para romper.
Silba y cae, vuelve a ir,
nunca aprende a detener,
y en el eco de ese “crack”…
algo no vuelve jamás.
Cuando por fin deja de jugar,
Y el patio queda en soledad,
Pepito mira alrededor…
Y entiende tarde qué pasó.