Crucé mil años en un desierto de soledad,
buscando luz, un poco de paz y la verdad.
Hoy tengo a quienes amo, gente que no tenía,
son mi motivo, mi fuerza y mi guía.
Pero el pasado dejó marcas que no han sanado,
y un monstruo en mi pecho me tiene vigilado.
Guardando el frío detrás de esta paz,
he perdonado con labios que tiemblan con tenacidad,
mientras por dentro me quiebro en la oscuridad.
Tú me susurras en medio de tanto dolor:
"déjame mostrarles mi verdadero ardor".
Te conozco bien, sé lo que eres en realidad,
cuando sales no hay vuelta, no hay piedad.
"Déjame arder, romper lo que finge no doler,
que prueben mi infierno, que sientan mi poder.
Tanto aguantaste, tanto soñaste,
soy tu justicia, tu final, tu desastre".
Lo intenté mil veces, callé con los puños cerrados,
con ojos de fe, aunque me sentía derrotado.
El mundo no cambia, no escucha, no ve,
y tú creces más fuerte cada vez que caigo, lo sé.
He sido contención en esta vida tan larga,
lucho por un amor, cargando esta cruz amarga.
Fui la calma, pero la rabia me quema el alma,
ya no puedo fingir, ya nada me calma.
Tú solo pides salir, romper el cristal,
y yo solo quiero evitar nuestro final.
¡PUES! Todo me ha destrozado,
nada me ha consolado.
Aunque las heridas aún lastiman con dolor,
seré el protector de los míos con fervor.
No dejaré que ninguna obsesión se aferre a sus vidas,
yo decido el resultado de todas las partidas,
lucharé por ellos hasta el fin de mis días.
En esta tormenta los cuidaré con esmero,
cuando falte esperanza, seré su escudo primero.
Tendré la confianza para vencer lo que venga,
aunque el destino quiera que en soledad me mantenga.
Afronto la vida sabiendo que soy un herido,
llevo en mis espaldas el peso de lo que he vivido.
Proteger a los que amo es mi único deber,
es la única razón por la que quiero ser.
No tengo el poder de evitar los desastres,
pero sí la fuerza de ser el más grande de los astros.
Entregaré el corazón frente a quien los lastime,
usaré mi furia para que el miedo