[Intro]
En casa late un susurro de cola, empieza a despertar, Michis en su reino particular.
[Verse 1]
Tres ojos curiosos, uno ronronea sin prisa,
la escena del desayuno: croquetas y risas en la brisa.
Maullidos suaves, preguntas sin contestar,
“¿Qué hay detrás de la cortina?”—y empieza a explorar.
[Pre-Chorus]
Se estiran las sombras, juegan a ser comandantes,
un mundo de cojines, de rayas y de diamantes.
[Chorus]
Michis, con su ternura, llenan la casa de luz,
con su humor de bigotes y un maullido dulce en voz de chaval.
Cada siesta es un poema en el alféizar, un abrazo que no quiere terminar,
con su humano al lado, el corazón en modo hogar.
[Verse 2]
Uno persigue una pluma que baila en el aire,
otro guarda silencio, escucha el reloj por la tarde.
Entre pisadas suaves y ronroneos al pasar,
la convivencia florece en un suave caminar.
[Pre-Chorus]
La curiosidad juega, pero la confianza es su ley,
se acomodan a veces encima, y el mundo parece entender.
[Chorus]
Michis, con su ternura, llenan la casa de luz,
con su humor de bigotes y un maullido dulce en voz de chaval.
Cada siesta es un poema en el alféizar, un abrazo que no quiere terminar,
con su humano al lado, el corazón en modo hogar.
[Bridge]
En cada maullido hay una historia para contar,
un gesto pequeñito que al día da color y lugar.
Entre ronroneos y juegos, aprendemos a cuidar,
que la vida es más suave cuando hay confianza y abrazar.
[Chorus]
Michis, con su ternura, llenan la casa de luz,
con su humor de bigotes y un maullido dulce en voz de chaval.
Cada siesta es un poema en el alféizar, un abrazo que no quiere terminar,
con su humano al lado, el corazón en modo hogar.
[Outro]
Y cuando la tarde cae, se apagan las luces de la ciudad,
los Michis sueñan en silencio, y yo aprendo a escuchar su verdad.