Te recogí del suelo, del lodo, del dolor,
con la mano extendida y el pecho sin rencor.
Te di mi casa, mi nombre, mi mesa, mi calor,
te convertí en reina, te bañé de amor.
Pero tú llevas la calle tatuada en la piel,
la noche te llama, no la puedes perder.
Por más que te di todo, más que un hombre puede dar,
tú sigues buscando en otros lo que tienes en tu hogar.
Me rompo el lomo de sol a sol,
trabajo como bestia, ya perdí mi rol.
Y mientras sudo, mientras muero, mientras doy,
tú andas de fiesta con cualquiera, sin pudor.
¡Y DIME AHORA! ¿Qué más querías de mí?
Si te di la luna y el sol para ti.
Pero la calle te llama, la calle te puede,
y yo, pobre pendejo, sigo esperando que vuelvas a la ley.
Te perfumas y te arreglas pa' salir,
me besas la frente y me dices que es por mí.
Pero sé que mientes, lo sé desde el principio,
que la noche te espera con su vicio y su suplicio.
Y yo aquí, clavado en esta casa vacía,
oyendo cómo el viento se lleva tu alegría.
Con un saxofón que llora mi condena,
y un violín que sangra cada una de mis penas.
Buscas hombres que te traten como puta,
que te paguen con billetes tu falsa disputa.
Mientras yo te doy mi vida, mi sudor, mi calma,
tú prefieres la mentira, el deseo, la cama.
La calle te enseñó a sobrevivir,
pero no te enseñó a saber vivir.
Yo quise darte un mundo de verdad,
y tú elegiste la inseguridad.
Así que vete, vuela, haz lo que quieras,
que yo ya no espero, que yo ya no esperas.
Me cansé de ser tu puerto, tu seguro, tu lugar,
mientras tú prefieres siempre naufragar.
Pero no te culpo, la vida te marcó,
la calle te hizo así, la calle te educó.
Solo lamento haber creído, solo lamento haber amado,
a quien nunca pudo dejar lo que ha mamado.