Caminaba sola una tarde de sol,
con mil sueños guardados en el corazón,
amaba a los animales más que a nada en el mundo,
eran su refugio, su lugar más profundo.
Y en el parque lo vio, corriendo sin parar,
un perrito tan lindo, difícil de ignorar,
sus ojitos brillaban, su cola sin parar,
y en ese instante lo quiso abrazar.
Se acercó despacito, con miedo y emoción,
como si ese momento fuera una canción…
Y pensó “ojalá fueras mío”,
llevarte conmigo, cuidarte del frío,
darte un hogar lleno de amor,
ser tu mundo, tu sol, tu calor.
Pero alguien llamó, y él corrió sin dudar,
y su sueño en silencio empezó a llorar…
Vio cómo se iba moviendo la cola,
feliz con su dueño, sin mirar atrás,
y aunque su corazón se rompía a solas,
entendió que ya tenía su lugar.
No todo lo que amas puede quedarse,
a veces querer es también soltarse,
y aunque duela fuerte en el interior,
saber que es feliz… calma el dolor.
Y pensó “aunque no seas mío”,
me alegra tu vida, tu mundo sencillo,
porque si alguien te cuida así,
entonces estás donde debes estar, sí…
Y siguió caminando bajo el mismo sol,
con un nudo suave y también con amor,
porque en su tristeza encontró una verdad…
amar también es dejar. 🎶