(Verso 1)
En el desierto de la aflicción, donde el viento sopló con dureza,
el enemigo trazó su plan, intentando robar nuestra fortaleza.
Miraron muros, miraron cadenas, creyendo que el fin se acercaba,
pero no conocían la voz que en la zarza ardiente nos hablaba.
Como Israel bajo el yugo cruel, sintiendo el peso del opresor,
fuimos llamados a levantarnos, bajo la sombra del Salvador.
(Pre-Coro)
Porque no es nuestra fuerza la que nos sostiene en la prueba,
es el decreto eterno que en nosotros se renueva.
Mientras más fuerte el golpe, más grande es la bendición,
porque Dios es el escudo de esta casa, nuestra restauración.
(Coro)
¡Bet-El, levántate! Que la promesa sigue en pie:
Mientras más nos oprimían, más nos multiplicamos.
El fuego no nos consume, el agua no nos detendrá,
somos linaje escogido que en su gracia crecerá.
¡Más, mucho más! Dios nos ha hecho multiplicar,
en nuestra Casa de Dios, Su gloria vamos a declarar.
(Verso 2)
No es con espada ni con poder, es con Su Santo Espíritu,
lo que intentó ser nuestra tumba, se convirtió en nuestro éxito.
Bendecidos en la prueba, fructíferos en la adversidad,
somos un pueblo que camina hacia la eterna libertad.
Bet-El es la casa donde el cielo se encuentra con la tierra,
donde la opresión termina y comienza la fe que nos gobierna.
(Puente)
Crecemos en la fe, crecemos en el amor,
reflejando la victoria de nuestro Gran Pastor.
Ninguna arma forjada contra esta casa prosperará,
porque la mano del Omnipotente nos multiplicará.
(Coro)
¡Bet-El, levántate! Que la promesa sigue en pie:
Mientras más nos oprimían, más nos multiplicamos.
El fuego no nos consume, el agua no nos detendrá,
somos linaje escogido que en su gracia crecerá.
¡Más, mucho más! Dios nos ha hecho multiplicar,
en nuestra Casa de Dios, Su gloria vamos a declarar.
(Final)
Multiplicados para Su gloria,
Restaurados por Su amor.
Bet-El, casa de bendición,
¡tú eres nuestro hogar, Señor!