No importa cuán fuerte sea el ruido afuera,
lo que importa es la verdad que late en tu interior.
Te veo ahí, con la armadura desgastada,
contando las batallas que has librado en la madrugada.
Parece que el cansancio te quiere doblegar,
que el peso de la lucha te impide caminar.
Pero mira tus manos, aún tienen fuerza,
mira tu alma, que no pierde su esencia.
Eres una guerrera, no lo olvides jamás,
naciste con la marca de quien no se rinde más.
(Pre-coro)
Y cuando el silencio se vuelve un grito de dolor,
cuando las lágrimas nublan todo tu alrededor,
cuando crees que el mundo se ha quedado vacío,
hay un susurro constante calmando tu frío.
(Coro)
Porque Dios no te abandona, Él es tu escudo y tu luz,
Él carga contigo tu más pesado cruz.
Él no mira tu caída, Él mira tu valentía,
Él es la calma que llega tras la tormenta fría.
Cuando lloras en la sombra, Él escucha tu clamor,
Él recoge cada lágrima con infinito amor.
Guerrera, levántate, que tu batalla no ha terminado,
porque nunca, jamás, Él te ha dejado de lado.
(Verso 2)
Tus peores momentos, esos que nadie ve,
donde el miedo te acecha y te pone a los pies,
son el escenario donde Su gloria se manifiesta,
donde Su mano poderosa tu vida completa.
Él conoce cada herida, conoce cada cicatriz,
Él escribe tu historia, Él te hace feliz.
No es por tus fuerzas, es por Su gran poder,
que cada mañana te ayuda a renacer.
(Puente)
Si Él está contigo, ¿quién podrá detenerte?
Si Él es tu refugio, ¿quién podrá vencerte?
Él es el capitán en medio de la tempestad,
el que te da la victoria y la seguridad.
(Coro)
Porque Dios no te abandona, Él es tu escudo y tu luz,
Él carga contigo tu más pesado cruz.
Cuando lloras en la sombra, Él escucha tu clamor,
Él recoge cada lágrima con infinito amor.
Guerrera, levántate, que tu batalla no ha terminado,
porque nunca, jamás, Él te ha dejado de lado.
(Outro)
Así que respira...
Limpia tus ojos, guerrera.
Él sigue ahí, escuchándote, amándote.
Nunca estás sola.