Atención pido señores,
les vengo aquí a cantar,
la historia de un gran sobrino
que se ha sabido ganar,
el respeto y el cariño
por su forma de accionar.
Julio César Fernández Solano
es el nombre mentado,
el sobrino mayor de la vida
Y Diosito me ha entregado,
con la humildad de su madre
en el alma bien grabado.
Mi hermana estela le enseñó
que la vida hay que disfrutar,
por muy buenos caminos
siempre debían caminar,
ella los amaba a todos
con una bondad sin par.
Un giro dio el destino,
un golpe al corazón,
un accidente en la vía
les causó un gran dolor,
perdieron a su madre,
su más sagrada bendición.
Pero desde el alto cielo
ella siempre los va a cuidar,
junto a su hermano Oranyelo
le tocó duro batallar,
desde jóvenes la vida
la supieron enfrentar.
Con esfuerzo y disciplina
su destino comenzó a forjar,
para ser dueño de su tiempo
y de nadie dejarse mandar,
un hombre de principios claros
que no se sabe doblar.
La vida le dio un regalo,
una dicha en su camino,
una hija con alegría
llegaba a su destino,
la esperaron con amor
y un nombre le compuso el sino.
Como la mujer que le dio la vida,
con orgullo la bautizó,
Estela también se llamaría
el milagro que nació,
y con los años un segundo hijo
Dios le concedió.
Forjando duro el camino
su familia la formaría,
respondiendo como un buen padre
noche tras noche, día tras día,
a sus dos hijos y a su esposa
adelante los sacaría.
Con valores bien cimentados
un hogar él construiría,
ejemplo vivo de que a los hijos
se les ama con valentía,
junto a su esposa orgullosos
de la crianza y la guía.
Una familia con amor,
respeto y firmes principios,
poco a poco van surgiendo
superando los sacrificios,
con bendiciones del cielo
en todos sus beneficios.
Aquí les dejo estos versos
que nacen de la hermandad,
su tía Jenny Reyes les compone
con profunda honestidad,
para que tengan un buen recuerdo
por toda la eternidad.