En el silencio de una habitación vacía,
donde el eco de mis dudas es lo único que oigo,
donde el peso de mis errores parece una condena,
y el frío de la soledad se siente como un presagio.
He caminado por valles donde la luz no llega,
donde el cansancio me dice que ya no puedo más,
donde el alma se fragmenta y el corazón se entrega
a un desierto de sombras que no me deja mirar atrás.
(Pre-coro)
Pero justo cuando el aire me empieza a faltar,
y el horizonte se pierde en la oscuridad,
siento una mano que me invita a respirar,
una presencia constante, una dulce verdad.
(Coro)
Porque cuando todo se desmorona, Él es mi roca,
cuando el mundo me olvida, Él me habla al oído.
Él es la paz que en mi tormenta se desboca,
el refugio seguro en el tiempo perdido.
No es que la tormenta haya dejado de rugir,
es que en medio del caos, Su mano me sostiene.
Si Él está conmigo, no hay nada que temer,
Él es el Dios que en mi debilidad me mantiene.
(Verso 2)
He llorado lágrimas que nadie vio caer,
he guardado secretos que me queman la piel,
he creído que mi historia estaba por perder,
que mi fe era un barco sin rumbo y sin timonel.
Pero en el fondo de mi herida, donde el dolor es real,
encontré que Su gracia es un bálsamo eterno,
que Su amor no es condicional, ni es superficial,
que Su presencia es mi refugio en el invierno.
(Puente - Creciendo en intensidad)
Él no espera a que yo sea perfecto para amarme,
Él no espera a que limpie mis manchas para entrar.
Él se sienta conmigo a mi propio quebrarme,
Él me enseña que en mi ruina, Él puede reconstruir.
¡Él es el arquitecto de mi nuevo amanecer!
(Coro)
Porque cuando todo se desmorona, Él es mi roca,
cuando el mundo me olvida, Él me habla al oído.
Él es la paz que en mi tormenta se desboca,
el refugio seguro en el tiempo perdido.
No es que la tormenta haya dejado de rugir,
es que en medio del caos, Su mano me sostiene.
Si Él está conmigo, no hay nada que temer,
Él es el Dios que en mi debilidad me mantiene.
(Outro - Piano suave disminuy