[Intro]
En el jardín susurra una brisa antigua, un rumor de origen.
[Verse 1]
Entre hojas de rocío camina la duda, suave como una promesa, peligrosa como la luna.
La serpiente desliza su palabra, tentación que encaja en el silencio, un hilo dorado que tiembla.
Adán y Eva miran el fruto, rojo como una culpa que recién aprende a respirar.
La curiosidad, pequeña llama, pregunta: ¿qué hay más allá de la regla?
[Pre-Chorus]
Y la voz interior tiembla, obediencia o deseo, ¿cuál pesa más en el pecho joven?
[Chorus]
Caer, caer del cielo en la memoria de la tierra,
confianza que se deshilacha como hojas al viento,
la vergüenza cubre las rodillas y el corazón se quiebra,
y el hogar se queda atrás, en sombras de otros días.
[Verse 2]
La mordida no es sóla hambre, es pregunta convertida en grito,
un secreto que se vuelve tarde cuando ya no hay camino de regreso.
La fruta guarda un mundo de voces, un mapa de errores que el jardín no perdona.
La mirada se baja, la mano tiembla, y la conciencia aprende su primer peso.
[Pre-Chorus]
En el silencio, la culpa se asienta como polvo en la piel, y el paraíso se vuelve frontera.
[Chorus]
Caer, caer del cielo en la memoria de la tierra,
confianza que se deshilacha como hojas al viento,
la vergüenza cubre las rodillas y el corazón se quiebra,
y el hogar se queda atrás, en sombras de otros días.
[Bridge]
La serpiente no regresa con laureles, trae un eco que no se apaga:
– aprendan a vivir con lo que fue perdido, con lo que el mundo exige de ustedes.
[Chorus]
Caer, caer del cielo en la memoria de la tierra,
confianza que se deshilacha como hojas al viento,
la vergüenza cubre las rodillas y el corazón se quiebra,
y el hogar se queda atrás, en sombras de otros días.
[Outro]
Pero en la distancia crece una semilla de esperanza: la vida continúa, y la promesa resuena, una ruta nueva para volver a aprender a mirar.