Se transporta por el xilema, con una fuerza bendita
protegiendo todo el cultivo, de la raíz a la hojita.
Llega el insecto y succiona, sin saber su triste suerte
que un agonista potente, va directo a darle muerte.
Son cinco las subunidades, alfa, beta, gama y delta
formando ese canal, donde el sodio siempre entra.
Ya entró por el sistema, de ese centro principal
donde el sistema nervioso, sufre un daño sin igual.
¡Ay! Es un bloqueo constante, en la membrana postsináptica
porque el receptor nicotínico, tiene una llave muy táctica.
Imita a la acetilcolina, pero se queda pegado
¡y por falta de alimento, el bicho muere extenuado!
Sodio que entra sin freno, canales que no se detienen
muerte por inanición, que los insectos no contienen.
No hay acetilcolinesterasa, que rompa esta conexión
la hiperexcitabilidad, causa una gran confusión.
A diferencia de la nicotina, que actúa con rapidez
el neonicotinoide es lento, pero firme en su calidez.
Los canales de cloro se cierran, ya no se pueden abrir
y el insecto deja de comer, preparándose a morir.
Ya sea un Imidacloprid, o un Tiametoxam fiel
en la agronomía, ellos dejan su nivel.