[Intro]
El norte respira hielo, la luna dora el desierto de nieve.
Pero en cada aliento hay un latido que insiste: todavía hay calor.
[Verse 1]
En el reino de hielo, las torres sueñan con el sol,
los rostros son faroles contra la oscuridad del mar de nieve.
La gente camina como barcas en un mar de cristal,
y cada paso deja un mapa de esperanza en la escarcha.
[Pre-Chorus]
Cuando el viento ruge, recuerdan: somos más que el frío.
La memoria de casas encendidas guarda el deseo.
[Chorus]
Quisimos cálidos horizontes, y los forjamos en el pecho,
con el valor como abrigo y la fe como espada.
Aunque la nieve caiga sin cesar, la esperanza no se rinde:
un futuro cálido nace, poco a poco, en nosotros.
[Verse 2]
Los niños aprenden a escuchar el latido de la tierra,
ladrones de sombras que viven en la aurora boreal.
Con manos entrelazadas levantan murallas de besos,
y en sus ojos brilla el faro de un mañana más tibio.
[Pre-Chorus]
Si el frío intenta borrar nombres, recordamos sus voces.
Cada historia es un rescate de luz en la penumbra.
[Chorus]
Quisimos cálidos horizontes, y los forjamos en el pecho,
con el valor como abrigo y la fe como espada.
Aunque la nieve caiga sin cesar, la esperanza no se rinde:
un futuro cálido nace, poco a poco, en nosotros.
[Bridge]
Hay brasas que no se apagan: se esconden en la garganta del viento.
Un susurro de calor crece, hasta que rompe el silencio helado.
[Chorus]
Quisimos cálidos horizontes, y los forjamos en el pecho,
con el valor como abrigo y la fe como espada.
Aunque la nieve caiga sin cesar, la esperanza no se rinde:
un futuro cálido nace, poco a poco, en nosotros.
[Outro]
El reino del norte aprende a respirar con más calor cada día,
y la nieve, al fin, se inclina ante la promesa de un amanecer.