muchos se levantan temprano con ganas de progresar,
buscando cruzar fronteras, la vida quieren cambiar;
pero se siente la piedra cuando van cargando el fardo,
no del que te ve de frente, sino del pariente falso.
Te extienden dizque la mano con una falsa sonrisa,
pero te sanyran el alma con cualquier mala jugada.
Dicen que la familia es base, que nunca te va a fallar,
¡mentiras de este sistema que hay que saber descifrar!
Son los primeros en juicio, los que te cierran la puerta,
llenando de falacias cada lucha que despierta;
escupiendo su veneno con tanta desfachatez,
tapando su propio estiércol que apesta de redondez.
¡Ay, dolor de la sangre, qué difícil es lidiar
con los que llevan tu misma sangre y te quieren ver tropezar!
Critican cada esfuerzo, te señalan con desprecio,
sin ver que en su propia casa el honor ya no tiene precio.
Quieren hacerse perfectos, santos de altares ajenos,
cuando cargan más pecados que los peores terrenos.
Y ahí te encarga. Cualquier hermano que se cree mejor por puro presumir dejando que sus parejas quieran engatuzar y luego vienen a saludar;
le calientan la cabeza disfrazando palabras encontrá por puro aparentar
a su propia descendencia, perdiendo hasta la honra.
Se vuelven jueces y partes buscando aprobación,
jugando a los intocables con tanta desilusión.
Tienen más paja por cortar que un terreno abandonado,
critican al que trabaja y al que se ha superado;
hablan más que los enemigos que te tiran de frente,
pero estos te dan la espalda mientras te abrazan delante de la gente.
Hipocresía de adorno, falsedad en el saludo,
cuando el rencor que ellos guardan los han dejado sin escudo.
¡Ay, dolor de la sangre, qué difícil es lidiar
con los que llevan tu misma sangre y te quieren ver tropezar!
Critican cada esfuerzo, te señalan con desprecio,
sin ver que en su propia casa el honor ya no tiene precio.
Quieren hacerse perfectos, santos de altares ajenos,
cuando cargan más pecados que los peores terrenos.
Que lo sepa bien el mu