[Intro]
Al sur de la casa, el aroma de pan y paciencia.
La vida pasa, pero el cariño queda en cada ventana.
[Verse 1]
Cuatro luceros en la ventana del alma, miradas que guían con ternura.
Seis varones marchan en silencio, cada uno porta una promesa de altura.
Hijos y nietos tejen historias en el pañuelo del tiempo, con voz de abrigo.
La mesa se despliega con gratitud, y la fe se sienta a la orilla de la casa.
[Pre-Chorus]
Entre sermones de calma y risas que vuelven a casa,
aprendemos a cuidar lo que brilla cuando la noche calla.
[Chorus]
Gracias por la mano tendida, por cada lección y canción,
por el legado que late en la memoria de la familia.
Que la unión sea nuestro faro, y el respeto nuestro almohadón,
porque en este diario hay bendición y fuerza en la sangre.
[Verse 2]
Las edades se van dibujando: niño, joven, padre, abuelo en la piel.
Cada etapa escribe su verso en el alma de la casa, con fe.
Los mayores son brújulas que guardan secretos de paciencia,
y los pequeños, luceros que prometen el mañana con paciencia.
[Pre-Chorus]
La responsabilidad se aprende en el pecho de quien escucha,
y el amor se transmite como un río que no cesa ni se apaga.
[Chorus]
Gracias por la mano tendida, por cada lección y canción,
por el legado que late en la memoria de la familia.
Que la unión sea nuestro faro, y el respeto nuestro almohadón,
porque en este diario hay bendición y fuerza en la sangre.
[Bridge]
Si la pena llega, la casa se abre como un abrazo antiguo,
y la fe, como vela, ilumina los pasos del que viene detrás.
[Chorus]
Gracias por la mano tendida, por cada lección y canción,
por el legado que late en la memoria de la familia.
Que la unión sea nuestro faro, y el respeto nuestro almohadón,
porque en este diario hay bendición y fuerza en la sangre.
[Outro]
Cierro el libro de hoy con gratitud, dejo que el canto permanezca en la sala,
que cada generación lleve el nombre con orgullo y esperanza.