He llegado al final de este diario. Pero no es el final. Es el principio.
He escrito estas páginas para limpiar el desorden. Para recordarme: soy más que mi pasado. Más que mi adicción. Más que el nombre que me pusieron.
La cocaína fue mi sustento. También mi ruina. Hoy la dejo. No por miedo, sino por amor.
A mi hijo, Izan, le dedico el resto de mi vida. No por culpa. Por redención.
No quiero que él escriba un libro como este. No quiero que sepa lo que es vivir con el miedo en el cuerpo.
Quiero que sepa que su madre, aunque estuvo en el fondo del pozo, eligió salir.
No es fácil. Hay mañanas en las que el eco de mi padre resuena. Hay tardes en las que el vacío de mi hermana me ahoga.
Pero hoy, al cerrar este cuaderno, siento algo nuevo: paz.
El desorden sigue. Pero ahora tiene arquitectura. Ya no es caos. Es materia. Y con ella, voy a construir una nueva vida.A la cocaína, la sombra que oscureció mi camino, te dedico mi despedida definitiva. Fuiste mi tabla de1 de marzo, 2023
Querido diario,
Hoy me sumerjo en un mar de emociones encontradas, donde las palabras son mis velas y la sinceridad es mi brújula. Este día marca el último adiós al desorden, a las sombras que una vez habitaron en mi interior y a las cargas que por años pesaron en mis hombros como cadenas invisibles. Me sumerjo en la calma de la reflexión, enfrentando cada dedicatoria con valentía y gratitud, reconociendo que el perdón es el primer paso hacia la libertad.
A mi padre, le dedico un perdón que nunca me solicitó, pero que hoy decido ofrecerle con el corazón ligero. Reconozco en él al niño herido que nunca sanó, al eco de un dolor antiguo que se trasladó de generación en generación. Su violencia fue mi maestro de resistencia, la lección dura pero necesaria que me enseñó a reconstruirme a pesar de los embates de la vida.
A mi madre, la dedicatoria va impregnada de distancia, esa que una vez temí pero ahora comprendo. Su huida a tierras lejanas dejó un vacío en mi pecho, un vacío que intent