Por el terreno se mueve la plebada,
siempre con la clave, no andamos por nada.
La mirada fija, el paso muy seguro,
aquí se trabaja, se labra el futuro.
No ocupo de lujos para dar respeto,
mi nombre se cuida, ese es el secreto.
Traigo la escuela de la vieja guardia,
no ocupo de escoltas ni de la vanguardia.
Una sonrisa que a muchos confunde,
pero mi palabra al miedo lo hunde.
El tatuaje en mi piel cuenta la historia,
de batallas ganadas que llevo en memoria.
Mi palabra es la que rige mi ley,
en mi territorio no ocupo ser virrey.
Justicia propia, de mano muy firme,
no hay corriente mala que logre hundirme.
El que me busca, sabe a lo que viene,
mi respeto se gana y no se detiene.
A veces la calma parece tormenta,
pero la balanza siempre saca cuenta.
Amigos son pocos, contados con dedos,
yo no ocupo bando, ni cargo con miedos.
Si me dan la mano, devuelvo lealtad,
pero si traicionan, no habrá piedad.
Despedida
Ya me retiro, pero aquí me quedo,
en este camino yo no pongo el dedo.
La ley está escrita, ya quedó grabada,
en el corazón de toda mi plebada.
(¡Y así queda marcada!)