Dejé atrás una historia que ya no podía seguir,
con lágrimas en los ojos aprendí a despedir.
Guardé dentro de mi pecho lo que un día me hizo bien,
y aunque tuve miedo al cambio, decidí volver a creer.
No sabía lo que esperaba al cruzar aquella puerta,
solo sabía que mi alma necesitaba estar despierta.
Y con una maleta llena de recuerdos y de fe,
di un paso hacia la vida que aún no sabía conocer.
Y si el camino es difícil,
si me toca tropezar,
prefiero caer buscando
que quedarme en el mismo lugar.
Hoy vuelvo a empezar,
con el corazón abierto,
dejando que el viento se lleve
todo aquello que ya está muerto.
Hoy vuelvo a soñar,
aunque todavía tenga miedo,
porque entendí que a veces
perderlo todo es encontrarse de nuevo.
Hay mañanas en que extraño lo que dejé detrás,
pero miro hacia adelante y sé que no vuelvo atrás.
Cada lágrima que he llorado me enseñó a resistir,
y cada puerta que se cierra me empuja a descubrir.
No necesito tener todas las respuestas,
ni saber exactamente dónde termina la carretera.
Me basta con saber que todavía puedo elegir,
que mientras tenga esperanza, tengo razones para seguir.
Y si la noche se alarga,
yo esperaré el amanecer,
porque después de tanta sombra
también me toca renacer.
Hoy vuelvo a empezar,
con el corazón abierto,
dejando que el viento se lleve
todo aquello que ya está muerto.
Hoy vuelvo a soñar,
aunque todavía tenga miedo,
porque entendí que a veces
perderlo todo es encontrarse de nuevo.
Quizás no sea el mismo camino,
quizás tampoco sea la misma yo,
pero llevo conmigo
todo lo que el dolor me enseñó.
Y si alguna vez me preguntan
por qué tuve que partir,
diré que algunas veces
hay que irse para poder vivir.
Hoy vuelvo a empezar