[Intro]
En un reino de acordes, dos luces al cantar,
una llama de sal y luna, la otra carmín al despertar.
[Verse 1]
Ella de cabello blanco, corona de nieve y marfil,
larga como un río antiguo, ondulado en su perfil.
Camina entre las fronteras de un reino que suena a sol,
con botas de plata y un susurro que al viento dio rol.
[Pre-Chorus]
La música la llama, la propia voz la guía,
un murmullo de cuerdas la envuelve cada día.
[Chorus]
En el reino de la música, ella es la melodía primera,
blanca como la luna que gobierna la esfera.
Pero la otra mujer, castaña, larga como un río,
se yergue en la sombra y canta con brío.
[Verse 2]
Ella de cabello castaño, largo como la historia,
ondulado destino en cada hebra, con una batalla y gloria.
Su blusa lejana al sol, de un tono terracota fiel,
teje rimas en la sala del alma, en un templo de papel.
[Pre-Chorus]
La música las convoca, dos reinas en un mismo rincón,
unidas por un latido que late en cada canción.
[Chorus]
En el reino de la música, la armonía las quiere igualar,
blancas y castañas, dos coronas en un mismo pedestal solar.
Pero el reino de tu corazón las guarda en su manto,
donde laten las notas que hacen latir el encanto.
[Bridge]
Si una canta al norte y la otra al sur de la voz,
la misma cuerda las une, como un hilo de Dios.
[Chorus]
En el reino de la música, dos radian en su rubor,
blanca y castaña, dos soles en un mismo color.
Y en el reino de tu corazón, el silencio las volverá a encontrar,
donde toda melodía, por fin, quiere descansar.
[Outro]
Que el eco las convoque y el alma las sostenga al cantar,
dos reinas en un reino de notas que no deja de soñar.