El sureste sonaba ya que el mayor su natalicio se celebraba, la raza rugía,
tronaban los cuetes, retumbaba la sierra, la fiesta era grande, la plaza temblaba, la barredora esperaba para dar el pitazo que el morro ya estaba atrapado en la jaula.
Carlitos, el lobito menor, firme a su lado,
Héctor compadre, siempre bien parado a su lado como si fuera su hermano, y Don Carlos sentado a un lado veía, al mayor de su legado.
Había familia, tequila y amigos,la fiesta aún empieza, decían los padrinos.
los cuernos tronando pa’ arriba pa bajo, la raza gritaba: “¡Que viva el mayor!”, de los 4 hermanos
Pero al filo de la noche llegó la redada, había caído el pitazo que la barredora tanto esperaba,
el ejército entró con la cara enmascarada,
buscaban al jefe, al señor de los lobos, decían que de ahí nos irían hasta hasta que lo registraran todo.
Con la frente en alto y una súper en la mano se paró enfrente de aquel jovencito que era capitán, y una breve charla pasó
Mira jovencito yo sé que tú solo haces tu trabajo, pero mira muy bien a tu alrededor y dime si nosotros somos narcos.
El jovencito miró y respondió
yo solo hago lo que me dicta mi jefe y hoy usted me lo llevo porque me lo llevo.
Yo solo dirijo la revolución contra el narco a los que deberías buscar de verdad no lo estás haciendo muchacho date cuenta que todos aquí estamos de tu lado pero si me quieres llevar no habrá problema todos aquí saben disparar
El muchacho miró a su alrededor entendió una cosa si él disparaba iba a acabar con su propia historia.
aquí se termina el corrido amigos, una cosa les dejo en claro el mayor nunca es malo solamente hace su trabajo