Los amores que trae el destino,
son los mismos que mueren contigo.
Nadie pidió ser amado en la vida,
ni fue un pecado curar una herida;
más pesa el santo con tanto descaro,
que finge brillo cobrando muy caro.
Sirve otra copa, cantinero, por favor,
que este despecho me quema el corazón.
Se van borrando las promesas que ayer dio,
y solo queda el vacío de su traición.
Aquellos hombres que engañan mujeres,
son los que andan presumiendo sus bienes;
dicen ser libres, de honor y muy caballeros,
pero son sombras de celos con muchos complejos.
Cargan el peso de un triste despecho,
por el maltrato que guardan en el pecho...
¡Levanto la voz por esas mujeres
que sufren por hombres que no tienen derecho
a maltratar a ninguna mujer
por celos y sombras de su propia conciencia!
Cargan el peso de su mismo despecho,
y aún así dicen llamarse "hombres" por simple derecho.
Por esas mujeres que aguantan el dolor,
se acaba el silencio y renace el valor...