. Soy fulano de tal y soy un puto alcohólico.
Hoy vengo a hablar del Quinto Paso, y si te ofenden las groserías, vete a la verga de una vez, porque aquí se habla derecho. Este paso es para cabrones, no para pinches niñas lloronas.
El Quinto Paso te dice: _“Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos”_. ¿Y sabes qué significa? Que tienes que abrir el hocico y confesar toda la pinche porquería que hiciste. Sin maquillaje. Sin hacerte la víctima.
Yo hice mi Cuarto Paso y escribí que era un pendejo, un rata, un golpeador, un mentiroso de mierda. Me sentí bien verga con mi libretita llena. Pero cuando mi padrino me dijo “ahora léemelo”, se me cerró el pinche culo. Porque una cosa es escribirlo y otra es decirle a otro cabrón en la cara: “Sí, carnal, yo le robé a mi jefa enferma para irme a empedar. Sí, le rompí la madre a la madre de mis hijos borracho. Sí, me cogí a la esposa de mi compa. Sí, me cagaba en todo el mundo”.
Decirlo te arde en la puta garganta. Te da vergüenza, te da miedo, te dan ganas de romper la libreta y salir corriendo por una botella. Porque el ego no quiere que nadie sepa que eres una pinche basura humana.
Pero te voy a decir algo, cabrón: mientras no saques esa mierda, vas a seguir apestando por dentro. Puedes tener 10 años sin chupar, pero si no hiciste el Quinto como se debe, sigues siendo el mismo perro rabioso, nomás que seco. Y un perro rabioso sin alcohol, tarde o temprano muerde… o se vuelve a meter la botella hasta el fondo.
Yo me hinqué con mi padrino y le solté todo. Lloré, me encabroné, quería golpear la pared. Le dije las cosas que ni a mi pinche madre le podía decir. Y el cabrón no se espantó. Nomás me miró y me dijo: “Yo hice cosas peores, pendejo. ¿Ya acabaste o traes más mierda?”
Ese día, por primera vez, sentí que me arrancaban un pinche demonio del pecho. Años cargando esa chingadera, pudriéndome por dentro, y con una hora de hablar, sentí que podía respirar.