[Intro]
En una ciudad de luces y paredes grises, una historia empieza a romperse en risas.
Carlos mira al aro, sueños en cada bote y giro, Dustin y Abraham a su lado, siempre fijos.
[Verse 1]
Carlos corre tras el balón; el suelo guarda cada paso de su deseo.
Dustin trae consejos, Abraham escucha y aprende, juntos no hay silencio roto.
Entre canastas y porches, nace una promesa en la mirada: crecer, entenderse, y no fallar.
[Chorus]
Somos hermanos de camino, en cada pase hay confianza.
Nos elevamos cuando cae la duda, agradecidos por la alianza.
La fuerza no está solo en el músculo, sino en la gente que nos apoya.
Carlos, Dustin y Abraham: juntos, el futuro nos dona.
[Verse 2]
Carlos siente la calistenia como un puente hacia su verdad interior.
Tensas son las manos a veces, pero el esfuerzo canta y él no quiere perder.
Dustin ríe, dicta rutas, Abraham señala el norte en la oscuridad.
La hermandad crece en cada repuesto, en cada grito de ánimo que les da libertad.
[Bridge]
Crecimos al ritmo de las caídas, aprendimos a volver a empezar.
La confianza se talla en los brazos del esfuerzo, y el corazón sabe escuchar.
[Chorus]
Somos hermanos de camino, en cada pase hay confianza.
Nos elevamos cuando cae la duda, agradecidos por la alianza.
La fuerza no está solo en el músculo, sino en la gente que nos apoya.
Carlos, Dustin y Abraham: juntos, el futuro nos dona.
[Verse 3]
A veces la ciudad parece grande, pero su alianza la hace pequeña.
Entre risas y sudor, descubren que la lealtad es la casa más bella.
Carlos agradece a sus amigos: por el aliento, por los planes, por la paciencia.
Con cada desafío, la hermandad se fortalece, y la vida se llena de presencia.
[Outro]
Si el balón pregunta por su camino, responderán con la misma voz: seguimos.
Con calistenia en el cuerpo y confianza en la mirada, la hermandad no se vence, se sostiene.
Gracias a Dustin, gracias a Abraham, gracias a Carlos, por ser espejos y anhelos.