Perdido en la profundidad de tu mirada, en la frialdad y rigidez de tu ser, me encuentro atrapado entre las murallas de la desesperación, ponderando el juego y el camino que debo transitar. ¿Es amor? ¿O acaso obsesión? Sea lo que fuere, mi corazón palpita desbocado y mi mente se turba al advertirte junto a otro, consciente de que no eres de mi propiedad, que te mueves con la libertad del aire al recorrer este mundo, en contraposición a mi naturaleza cautiva.
Me veo obligado a confrontar la tensión entre el deseo de tenerte y el anhelo de liberarme de ti. Mi corazón se marchita, y cada fibra de mi ser se estremece; incluso el simple acto de hablar o pensar en ti me arrebata el aliento. Tiemblo como un niño asustado, y así es precisamente como me siento, embargado por el miedo y la inseguridad, cuestionando si compartes mis sentimientos y si renunciar a todo por estar a tu lado sería una elección prudente. ¿Este amor será correspondido o simplemente soy yo quien persigue lo inalcanzable, sabiendo que ya poseo a alguien, si es que se le puede llamar así, porque en el fondo siento que tú eres la verdadera dueña de mi corazón?
Es un destino cruel el que nos ha separado y ha impedido que nuestras vidas se alineen. Ignoro lo que nos depara el futuro, pero este sentimiento incesante recorre mi ser, estremeciendo mi alma y poniendo en duda la realidad de un amor genuino. Una y otra vez, el miedo me asalta, obligándome a sopesar la posibilidad de sumergirme en la decisión o permanecer en arenas movedizas, aguardando lo que el destino decida.