(Beat pesado, golpea fuerte desde el primer compás)
Ajá… siéntate, iluminado.
Lección uno: cállate y escucha.
Esto no es terapia, es cirugía sin anestesia.
No vengo a consolarte, vengo a arrancarte las mentiras de raíz.
Tú te crees maestro, pero apenas aprendes a leer las letras.
Vamos a ver de qué está hecha esa sabiduría que presumes.
Llegas con la corona de papel de aluminio,
te crees emperador y eres becario del raciocinio;
predicas “manifestación” como secta de TikTok,
pides al universo lo que no te ganas con sudor honesto.
Marco Aurelio escribía pa’ sí mismo, sin cámara,
tú grabas tu “rutina estoica” pa’ que el algoritmo te aplauda;
qué irónico el monje con anillo de marca,
qué cínico el “hombre sabio” llorando si el Uber se tarda.
Dices: “Yo controlo mi energía, mi vibra, mi centro”,
pero un comentario en la red te disuelve por dentro;
Epicteto te avisó hace siglos y siglos:
tu cuerpo no es tuyo, ni tu salud, ni tus bienes, ni tus siglos.
Tampoco es tuya la fama, ni la casa, ni el “me gusta”
que persigues con orgullo como si fuera la prueba de tu justa
existencia en este mundo; te aferras a lo que se va,
y te asustas si algo cambia, si no sale como tú va.
Lo único verdaderamente tuyo es el juicio, el filtro, la lente,
y tú la tienes empañada, sucia, totalmente dependiente
de lo que opinen, de lo que veas, de lo que te cuenten,
exiges que el mundo se incline a tu antojo y tus cuentas,
y te rompes como vidrio fino si la lluvia te moja,
si el viento cambia de rumbo o si alguien te desaloja.
No es el hecho, es tu juicio el que te entierra,
no es la herida, es el sentido que le aferras;
suelta el mando falso, deja el drama, baja el tono,
en tu mente está el reino, lo demás es préstamo.
No es el hecho, es tu mirada la que juzga,
lo que pasa es neutro, eres tú quien lo estruja;
acepta el orden, deja de pelear contra el viento,
lo único tuyo es tu alma… todo lo demás es invento.
“Me ofendieron”… no, campeón, tú te ofendiste,
le entregaste la llave de tu paz al que