Hoy no hay lujo, solo verdad en el aire.
Una niña valiente aprende a ser fuerte en la espera,
quince años que llegan entre silencio y oración.
Un cuarto de hospital guarda su pulso de guerra,
su corazón late alto, su sueño quiere volar.
Ay, Dios mío, no sueltes su mano,
dale fuerza para continuar.
Que sus sueños sigan floreciendo,
aunque cueste volver a caminar.
La familia la abraza con fe y con oración,
cada lágrima es un te quiero que traza su camino.
Las paredes guardan lágrimas, las noches quieren crueles,
pero en sus ojos brilla la esperanza de volver a cantar.
Ay, Dios mío, no sueltes su mano,
dale fuerza para continuar.
Que sus sueños sigan floreciendo,
aunque cueste volver a caminar.
Hay silencios que dicen más que mil palabras,
mientras una sonrisa de madre ilumina el andar.
Cada visita trae vida, cada gesto calma el miedo,
y el amor es el mapa para seguir.
Ay, Dios mío, no sueltes su mano,
dale fuerza para continuar.
Que sus sueños sigan floreciendo,
aunque cueste volver a caminar.
Con abrazos y oración, la sobrevivo, la celebro;
ella, la niña valiente, vuelve a soñar.