Una mujer hermosa no tiene ninguna edad,
eso lo sabe cualquiera que tenga tantita capacidad.
Pero las que son envidiosas, ay Dios, ¡qué barbaridad!,
esas se notan a kilómetros por su misma falsedad.
(Para los vecinos criticones)
Viven pegados a la reja, mirando quién entra y sale,
buscando algún defectito nomás para ver qué sale.
Se la pasan cuchicheando, comiendo pura maldad,
pero su envidia me alimenta y me da mayor seguridad.
( Estilo y elegancia)
No uso caretas ni máscaras, yo camino de frente,
el brillo que a mí me sobra le molesta a mucha gente.
Tengo porte, tengo clase, y eso nunca se improvisa,
a los chismes de los necios yo les contesto con risa.
Que sigan chillando y hable todo el vecindario,
mientras yo sigo sumando ceros en mi calendario.
La envidia es una enfermedad que no tiene medicina,
y aquí se respeta a los fuertes... ¡y a la que a mí me encandila le aconsejo que se busque buen trabajo