Desde niños caminamos juntos,
compartiendo risas, sueños y valor.
En los días buenos y en los difíciles,
siempre estuvo firme nuestro corazón.
La sangre nos unió para siempre,
y el tiempo hizo más fuerte este lazo.
No importa la distancia ni el camino,
siempre tendrás mi abrazo.
Eduardo, hermano de mi vida,
eres mi fuerza y mi alegría.
Gracias por estar cuando más te necesité,
por creer en mí y nunca soltar mi mano.
Que Dios bendiga cada paso que des,
porque para siempre serás mi hermano.
Tus consejos son un gran tesoro,
tu sonrisa ilumina mi andar.
Pase lo que pase en esta vida,
siempre contigo voy a contar.
Eduardo, hermano querido,
mi orgullo, mi mejor amigo.
Que nunca falten sueños por cumplir,
ni motivos para sonreír.
Hoy quiero decirte con el corazón:
¡te quiero mucho, hermano, y siempre tendrás mi amor!