Llego siempre con el tiempo justo al andén
buscando aquel vagón, el de las siete y diez.
Me siento frente a vos, trato de no mirar,
me escondo en un papel, no sé ni qué leer.
Llevás ese libro que nunca terminás,
la mirada perdida mirando el cristal.
Sos lo más lindo que viaja en este tren,
y yo muero de miedo por decirte "estás bien".
De pronto me mirás, te miro y suspirás,
bajo la cabeza, busco una salida.
Me quedo sin aire, me aprieto las manos
y me pongo a temblar.
Y así pasan los días, de lunes a viernes,
yo espero que llegues, yo espero quererte.
De estación a estación, de frente tú y yo,
va y viene el silencio.
De pronto me mirás, te miro y suspirás,
bajo la cabeza, busco una salida.
Me quedo sin aire, me aprieto las manos
y me pongo a temblar.
Y entonces ocurre, escucho que me hablas,
tu voz es un hilo que me roba el alma.
Te noto nerviosa, te querés morir,
y yo estoy igual, no sé qué decir.
Pero el tiempo se para y me escucho diciendo:
"Yo aún no te conozco y ya te echaba de menos".
Cada mañana, rechazo el directo
y elijo este tren.
Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado,
un día especial, este once de marzo.
Te tomo la mano, llegamos a un túnel
que apaga la luz.
Te busco la cara, gracias a mis manos,
me acerco despacio y te beso los labios.
Dices que me quieres y yo te regalo
el último soplo de mi corazón.