Siete meses y parece que fue ayer,
cuando el destino decidió cruzarnos sin querer,
y míranos ahora, construyendo sin miedo,
paso a paso, firme, como un sueño sincero.
Tú llegaste a mi vida sin hacer ruido,
pero cambiaste todo lo que yo había vivido,
me enseñaste que amar no es sufrir,
que se puede querer… y también construir.
Y no es casualidad que estés aquí,
ni es suerte lo que siento por ti,
es algo más grande, más fuerte que el tiempo,
es paz en el alma… es lo que yo siento.
Porque contigo soy feliz de verdad,
no es cuento, no es magia, es realidad,
me haces sentir segura, completa, en calma,
como si tu amor abrazara mi alma.
Y sigo enamorada como el primer día,
con la misma emoción, la misma alegría,
y si el futuro me pregunta qué quiero yo,
le digo sin miedo: una vida con tu amor.
Me siento orgullosa de lo que hemos logrado,
de cada batalla que juntos hemos ganado,
porque no todo ha sido fácil, lo sabemos bien,
pero aquí seguimos… más fuertes que ayer.
Y lo que viene me ilusiona aún más,
porque sé que contigo todo se puede lograr,
no me asusta el camino, ni lo que vendrá,
si es de tu mano… todo vale la pena intentar.
No veo la hora de llegar al altar,
de mirarte a los ojos y decir “para siempre” sin dudar,
de llevar tu apellido, de ser tu hogar,
de que el mundo sepa que te voy a amar.
Porque contigo soy feliz de verdad,
y no lo cambio por nada, ni por nadie más,
eres mi presente, mi sueño y mi fe,
lo que siempre quise… y ahora tengo en pie.
Y si el tiempo pasa, que pase contigo,
si la vida pesa, tú eres mi abrigo,
y si me preguntan qué es amar así…
yo solo sonrío… y pienso en ti.