Intro – voz baja, cansada)
No es el vicio…
eres tú,
al que sigo buscando
en los lugares equivocados.
(Verso 1 – íntimo, nocturno)
Vivo buscándote en mis vicios sin querer,
como si el humo supiera dónde esconderte.
Cada calada es un recuerdo que se enciende,
exhalo despacio, esperando volverte a ver.
El aire sale espeso de mis pulmones,
y por un segundo juro que estás ahí.
No hablando fuerte, no dando órdenes,
solo esa presencia que sabía calmarme a mí.
No fumo por vicio, fumo por memoria,
por ver si en el humo se dibuja tu historia.
Por si entre cenizas y noches largas
vuelves a sentarte a mi lado sin palabras.
(Pre-Coro – melancólico)
Y sé que no es sano…
pero es lo único
que me deja sentirte cerca.
(Coro – profundo, dolido)
Te busco en el fondo de las botellas,
en el último trago que ya no quema.
En latas vacías, en mesas desiertas,
porque cuando caigo… sueño que regresas.
No es el alcohol, no es el humo,
es el anhelo de volver a estar seguro.
Por un instante dejo de estar solo,
porque en mis vicios… te siento de nuevo.
(Verso 2 – recuerdo y dependencia emocional)
A veces te encuentro al final del vaso,
cuando el ruido baja y el mundo se queda escaso.
Ahí donde el silencio pesa más,
siento tu mano firme diciéndome “va a pasar”.
Esa palmadita que nunca juzgaba,
que no gritaba, pero enderezaba.
No me decías qué hacer exactamente,
solo me hacías creer que podía, simplemente.
Y me odio un poco por buscarte así,
pero duele más no sentirte aquí.
No quiero perderme, solo reencontrarte,
aunque sea en el lugar donde empiezo a dañarme.
(Puente – hablado, confesión)
No es que quiera hundirme…
es que ahí abajo
es donde todavía
te escucho.
(Verso 3 – nostalgia infantil)
Extraño tu olor… y no exagero,
era hogar, era “todo va a estar bien” sincero.
Ese aroma que me hacía bajar la guardia,
sentirme niño sin miedo al mañana.
Cuando mi único trabajo era hacerte feliz,
y aunque a veces te enojabas, seguías ahí.
Me corregías con amor y ternura,
no con miedo, no con dureza.
Ahora