Desde una isla llena de sol y recuerdos,
con el corazón apretado pero firme el paso,
Osvaldo cerró la puerta mirando a los suyos,
prometiendo volver en cada abrazo soñado.
Dejó calles, amigos, mañanas conocidas,
pero no dejó nunca su fe ni su razón:
darle a su familia un mañana más digno,
aunque doliera el adiós, pudo más el amor.
Porque un buen padre no huye,
un buen padre construye aun lejos del hogar,
cruza mares, rompe miedos,
y en silencio aprende a llorar.
Osvaldo, tu nombre es ejemplo,
tu lucha es pura verdad,
te fuiste buscando futuro
para los tuyos, nada más.
España te abrió caminos desconocidos,
no fue fácil empezar desde cero otra vez,
pero llevas la fuerza del que ama profundo
y el orgullo sencillo de hacer lo que es bien.
Cada día trabajas con sueños cansados,
pensando en las risas que un día volverán,
porque todo sacrificio tiene recompensa
cuando nace del alma y se llama papá.
Porque un buen padre no huye,
un buen padre construye aun lejos del hogar,
cruza mares, rompe miedos,
y en silencio aprende a llorar.
Osvaldo, tu nombre es ejemplo,
tu lucha es pura verdad,
te fuiste buscando futuro
para los tuyos, nada más.
Y algún día el abrazo será sin distancia,
las llamadas serán voz y no pantalla,
y tus hijos dirán con orgullo y certeza:
“mi padre es valiente, mi padre es grandeza”.
Porque un buen padre no huye,
un buen padre enseña a amar,
con acciones, con coraje,
con promesas que sí cumplirá.
Osvaldo, que el camino te honre,
que la vida te sepa pagar,
porque quien lucha por su familia
nunca camina solo jamás.