Nací entre sombras, entre gritos y silencios,
vi caer a los míos, cargué con sus recuerdos.
Perdí un hijo antes de verlo crecer,
y supe que el dolor no se olvida, se aprende a tener.
Amé a una mujer que se fue con la mentira,
le di mi casa, mi tiempo, mi vida.
Solté su mano para que fuera libre,
y ella me pagó con veneno y mentiras.
Llegó otra luna, me robó el sueño,
me enseñó que el amor también tiene dueño.
Pero el miedo me sigue, me muerde los huesos,
me dice que todo se acaba, que no soy lo suficientemente bueno.
Y en medio del caos, llegaste tú,
como un río que no pide permiso, sin más luz.
El destino nos cruzó para entender que el tiempo no es un muro, es un puente.
Pero el vacío regresa, me aprieta el pecho,
me dice que no merezco todo lo que tengo.
Que el año que viene puede que no estés,
que la distancia es una espada que no sé cómo detener.
¡PERO YO NO SOY EL VACÍO!
SOY EL QUE SIGUE EN PIE,
EL QUE PERDIÓ, EL QUE LLORÓ,
EL QUE APRENDIÓ A QUERERSE AUNQUE DUELA, AUNQUE NO SE VEA.
HE PERDIDO HIJOS, AMORES, PEDAZOS DE MÍ,
PERO SIGO AQUÍ, CANTANDO, AUNQUE EL MUNDO SE QUIERA DESTRUIR.
He visto la cara de la muerte,
he visto el amor hecho trizas,
he visto cómo la traición se viste de beso,
y aún así, sigo intacto porque el dolor me hizo fuerte, no un rezo.
Este rock no es para llorar, es para gritar,
para que el que escuche sepa que puede avanzar,
que el amor no se mide en distancia, sino en certeza,
que el vacío no es eterno, solo es una pieza.
Y si ella se va, yo seguiré en pie,
porque aprendí que mi valor no depende de quién me ve.
Soy el que sobrevive, el que cae y se levanta,
el que escribe su historia con tinta de batalla.