Intro – casi sin voz)
Nadie te avisa
que crecer
no es subir de nivel…
es aprender
a perder sin hacer ruido.
(Verso 1 – de niño a joven)
De niño el mundo era grande y sencillo,
el problema más serio era llegar a casa a tiempo.
Creías que los adultos lo sabían todo,
que el cansancio era cosa de viejos.
Luego creciste un poco y empezó el golpe,
la primera despedida, la primera ausencia.
Gente que prometía quedarse
y se fue sin dar explicaciones.
Ahí aprendiste que no todo se arregla,
que hay silencios que no piden perdón,
que algunas personas se vuelven recuerdos
antes de que entiendas por qué dolió.
(Pre-Coro – transición)
Y sin darte cuenta
dejaste de preguntar
“¿qué quiero ser?”
y empezaste a pensar
“¿cómo sobrevivo?”
(Coro – oscuro, pesado)
Así empieza la adultez,
cuando el miedo ya no se va.
Cuando sonríes por costumbre
y aprietas los dientes para aguantar.
No es falta de ganas,
es exceso de realidad.
Aprender a vivir cansado
también es una forma de madurar.
(Verso 2 – adultez joven, trabajo y dinero)
Aprendes a manejar dinero que no alcanza,
a contar monedas como si fueran decisiones.
A trabajar no porque te guste,
sino porque el hambre no espera vocaciones.
Firmas contratos con sueños pequeños,
vendes horas de vida por estabilidad.
Dices “es temporal” tantas veces
que el tiempo se vuelve verdad.
Hay días que finges no tener hambre,
no porque no exista,
sino porque no alcanza.
Y nadie lo nota
porque aprendiste a disimular bien la carencia.
(Verso 3 – decepciones amorosas)
También te rompen el corazón,
pero ya no como en las películas.
Te lo rompen con indiferencia,
con promesas a medias,
con irse poco a poco.
Aprendes a amar con miedo,
a no decir todo lo que sientes.
A calcular cuánto das
por si te toca irte solo nuevamente.
Y hay nombres que no dices,
lugares que evitas,
canciones que saltas,
porque no duele llorar…
duele recordar quién eras cuando estabas con esa persona.
(Coro – más profundo)
Así se ve crecer:
evitar calles,
callar historias,
aprender a seguir