Amé con el pecho abierto, sin miedo al disparo,
di todo lo que tenía, aunque el mundo saliera caro,
tus besos eran promesas pintadas sobre el viento,
y yo construía un “para siempre” con cada sentimiento.
Me perdí en tu mirada, laberinto sin salida,
donde el amor era fuego, pero también era herida,
te di mis noches en vela, mis sueños más sinceros,
mientras tú jugabas al amor como si fueran juegos ligeros.
Y duele, claro que duele, cuando el alma se desarma,
cuando quien te prometía paz termina siendo el karma,
pero aprendí en el caos, entre lágrimas y frío,
que el amor sin verdad nunca encuentra su camino.
Ahora camino firme, con cicatrices de guerra,
ya no me arrodillo ante quien no me da su tierra,
porque amar no es perderse ni mendigar atención,
es encontrar en dos almas la misma dirección.
Te quise en silencio cuando el ruido nos rompía,
cuando el orgullo gritaba lo que el corazón callaba día a día,
éramos dos perdidos jugando a ser eternos,
pero el tiempo no perdona corazones tan enfermos.
Tus palabras eran dulces, pero tus actos veneno,
yo llenándote de luz mientras tú vivías en lo ajeno,
quise salvar lo nuestro aunque se hundía el barco,
pero nadie sobrevive si rema solo en el charco.
El amor no es cadena, ni prisión disfrazada,
no es llorar en la sombra por una ilusión quebrada,
es volar sin miedo, es confiar sin medida,
es sentir que en el otro también late tu vida.
Hoy entiendo la lección que dejaste en mi pecho,
que amar también es irse cuando ya todo está deshecho,
y aunque duela soltar lo que un día fue mi hogar,
prefiero un corazón libre que uno preso por amar.