Aún eras tan pequeñito,
como un frijol en mi interior.
Cuando nadie me escuchaba,
te hablaba bajito con todo mi amor.
Te decía: "Mi bebé querido,
yo voy a luchar hasta el final.
Mientras mi corazón siga latiendo,
nadie nos podrá separar."
Muchos hablaban de miedo,
yo solo pensaba en tu vida.
Porque antes de mirar tu carita,
ya eras el dueño de mi sonrisa.
(Coro)
Mi frijolito, mi Carlitos,
mi pequeño gran campeón.
Tú me diste la fuerza que hacía falta
cuando temblaba mi corazón.
Dicen que una madre da la vida,
pero tú me enseñaste a luchar.
Antes de nacer ya me abrazabas
desde mi vientre, sin hablar.
(Verso 2)
Llegó febrero con su esperanza,
y Dios nos volvió a sonreír.
Después de tantas lágrimas y pruebas,
al fin te pude sentir.
Cuando te tuve entre mis brazos,
supe que todo valió.
Cada noche de incertidumbre
en un instante se borró.
Eras tan bello, tan perfecto,
con tus ojitos llenos de luz.
Y desde aquel primer momento
mi vida siempre fuiste tú.
(Puente)
Hoy ya tienes nueve añitos,
sigues llenándome de besos.
Eres travieso, cariñoso,
el chulito de mis sueños.
Tus hermanos me hacen bromas:
"¡Mamá, Carlitos es el consentido!"
Y yo les digo sonriendo:
"No, mis amores... es el más chiquito."
Los tres son dueños de mi alma,
los tres son mi bendición.
Pero tú y yo compartimos una promesa
que vive en mi corazón.
(Coro Final)
Mi frijolito, mi Carlitos,
mi príncipe, mi gran amor.
Si volviera a vivir mi historia,
te elegiría una y otra vez, mi sol.
Porque el día que te prometí
luchar por ti hasta el final,
no solo nació un hijo...
también nació una fuerza
que nadie podrá borrar.
Y mientras Dios me regale vida,
quiero que nunca olvides esto:
Fuiste amado desde antes de nacer...
y lo serás hasta mi último amanecer.