Yeah…
Escucha bien, pon atención y deja de hacerte el tonto.
Te venden la vida como si todo estuviera a tu alcance,
corres detrás de sombras, persigues vientos y aires,
y cuando se te escapan, te derrumbas, gritas y lloras.
¡Qué ironía más grande!
Un viejo esclavo hace dos mil años te dijo la verdad,
y sigues igual de ciego, igual de atado, igual de preso.
Hoy te lo digo en verso, crudo y sin adornos:
aprende a distinguir lo que es tuyo… y lo que nunca lo fue.
Dicen que la clave está en lo que tú puedes gobernar,
pero mira a tu alrededor y dime qué intentas controlar:
el cuerpo, el dinero, el puesto, lo que piensen de ti,
si te aplauden o te escupen, si te aman o te van a herir.
¡Por favor! ¿Crees que eres dueño de todo lo que ves?
Te pasas la vida luchando contra el río para ir al revés.
Quieres que no llueva cuando salgas a caminar,
que el otro piense igual, que el tiempo no pase jamás.
Epicteto te lo gritó, pero tú haces oídos sordos:
Hay cosas que son tuyas, y hay cosas que son del mundo.
Tus juicios, tus deseos, cómo actúas y cómo piensas,
eso sí está en tu mano, ahí mandas y eres la presencia.
Pero la salud, la fortuna, el honor, lo que te llega del exterior,
es como el clima: cambia, se va, no te pide permiso ni favor.
Y tú ahí, enfadado, ansioso, mordiéndote la lengua,
porque algo no salió como tu mente loca lo pretendía.
¿De qué te quejas? ¿De la vida o de tu propia estupidez?
Quieres amarrar el viento, retener el agua entre los dedos.
Esa frustración que te come, ese dolor que no te deja en paz,
no viene de lo que pasa… viene de lo que tú crees que debería pasar.
Aquí viene la parte que más te duele y más te molesta:
No son los hechos los que hieren, es la historia que te inventas.
La muerte, el dolor, la pérdida, no son males por naturaleza,
lo que te hace daño es el miedo y la forma en que tú lo interpretas.
Alguien te insulta y te sientes roto, destrozado, ofendido,
¿y por qué? Porque tú le diste poder a lo que dijo ese desentendido.
Si no consientes en