Cantinero, no me apague la bocina,
sírvase otro trago de los buenos,
vengo a ahogar mis penas en la cantina,
con el pecho herido y los ojos llenos.
Dicen que llorar por ella es cobardía,
pero no conocen lo que yo sufrí,
si supieran cuánto mi alma se dolía,
entenderían por qué vine a beber aquí.
¡Y que suene duro este corrido de despecho!
para los que amamos con el alma entera,
me arrancó su amor tajante de este pecho,
pero sigo siendo un hombre de primera.
¡Salud, mis amigos, que se llene el vaso!
que el dolor se cure a puro trago y paso.
Me juró mil veces que era yo su vida,
que su coranzón jamás iba a olvidarme,
y hoy me deja solo con esta gran herida,
buscando en la cruz de su olvido matarme.
Pero no se equivoque, mi orgullo es más fuerte,
yo no soy de aquellos que ruegan amor,
si quiso perderse y buscar otra suerte,
que le vaya bien con su nuevo dolor.
¡Y que suene duro este corrido de despecho!
para los que amamos con el alma entera,
me arrancó su amor tajante de este pecho,
pero sigo siendo un hombre de primera.
¡Salud, mis amigos, que se llene el vaso!
que el dolor se cure a puro trago y paso.
Sigan tocando la banda y el tololoche,
que esta noche nadie me hable de tristeza,
si el amor falló, que la cantina abroche,
¡que el orgullo ande siempre con la frente alzada y entera!
¡Salud por los que se van... y que no vuelvan jamás!