[Intro]
En la quietud de la madrugada, la casa respira conmigo.
Una carta sin firma, un corazón que aún aprende a latir.
[Verse 1]
Yo escribo con las manos temblorosas de quien espera,
con el sueño medio roto entre la almohada y la verdad:
mi deseo de sentirte girando en mi interior,
y el mundo entero guardando silencio para escuchar.
[Pre-Chorus]
La espera fue un abismo lleno de luz raspando el cielo,
un murmullo de uñas en la madera, una promesa sin ruido.
[Chorus]
Llegaste tú, mi hijo, y todo se hizo horizonte,
un mapa de constelaciones en la piel que te sostiene.
Del dolor de la salida nace un rugido de espuma de mar,
y en ese rugido te abrazo hasta el fin, sin miedo, sin prisa.
[Verse 2]
La sala se llena de lluvia de agujas y de mares,
donde cada lata de sonido se dobla a tu risa.
Transformé las lágrimas en un coro de gravedad cero,
para sostenerte cuando apenas aprieto el aire en mis pulmones.
[Pre-Chorus]
El dolor fue una puerta que rompo con la esperanza,
y en su umbral se esconde un brillo que no se calla.
[Chorus]
Llegaste tú, mi hijo, y todo se hizo horizonte,
un mapa de constelaciones en la piel que te sostiene.
Del dolor de la salida nace un rugido de espuma de mar,
y en ese rugido te abrazo hasta el fin, sin miedo, sin prisa.
[Bridge]
Gracias por venir cuando el mundo apenas despertaba,
por enseñarme a nombrar lo imposible, paso a paso.
La noche se convirtió en casa, y mi pecho, en casa de abrigo,
donde tus primeros susurros son el amanecer.
[Chorus]
Llegaste tú, mi hijo, y todo se hizo horizonte,
un mapa de constelaciones en la piel que te sostiene.
Del dolor de la salida nace un rugido de espuma de mar,
y en ese rugido te abrazo hasta el fin, sin miedo, sin prisa.
[Outro]
Ahora escribo de madrugada, con la cuna en mi pecho,
y la eternidad cabe en un suspiro de tu respiración.
Una carta abierta a la noche, para ti, para mí, para esta vida nueva.