El Grito de Caracas
Diosdado cabello Hablas de bombardeos, señalas con el dedo al de afuera,
mientras escondes la mano que inició esta guerra verdadera.
Te refresco la memoria, cuatro de febrero año mil novecientos noventa y dos en la capital,
tú y Chávez traicionaron, disparando a lo criminal.
Miraflores no olvida los civiles que en la acera quedaron,
balas de "patriotas" que a su propia gente mataron.
Dijiste que era por el pueblo, pero el pueblo puso el luto,
mientras tú escalabas puestos para recoger el fruto.
Del Caracazo te guindas, pero hiciste lo mismo o peor,
sembrando en Venezuela este eterno campo de dolor.
¡Responde, Diosdado! Por los pasillos de la muerte,
donde un niño sin suero espera a ver si tiene suerte.
¿Sabes cuánto pesa un ataúd de un chamo desnutrido?
¿Sabes el llanto de una madre por un hijo que se ha ido?
No hay gasas, no hay rayos X, no hay ni una pastilla,
pero para tus escoltas siempre hay una silla.
La gente muere de mengua, flacos, piel pegada al hueso,
mientras tú en televisión te burlas de todo ese proceso.
Esa es la muerte lenta, la que no hace ruido al caer,
la que mataste de hambre por no querer soltar el poder.
Once de abril del año dos mil dos Puente Llaguno en el alma, la herida sigue abierta,
francotiradores cazando gente, la muerte estaba alerta.
Neomar en la Guaira, su escudo de madera no bastó,
contra el gas y el plomo que tu guardia disparó.
¿Y Óscar Pérez? Lo acorralaron, pidió rendición de frente,
pero le mandaste un misil delante de toda la gente.
Presos políticos que "se lanzan" de un décimo piso,
tu conciencia está cochina, Diosdado, ese es tu aviso.
Se robaron las elecciones, escupieron la voluntad,
pero el llanto de este pueblo tiene mucha dignidad.
Dices que el imperio roba, que el petróleo se lo llevan,
pero son Cuba, Rusia y China los que en tu mesa cenan.
Se llevaron nuestras arepas, nuestra luz y nuestro gas,
tú entregaste la patria y ahora miras hacia atrás.
¿Y Maduro? Tu "líder", al que juraste lealtad,
lo ent