Dicen que por las brechas de la sierra ya no se escucha el trote de un caballo viejo, sino el
rugido de un Ferrari F430 Scuderia 2024, aunque el jinete sigue siendo el mismo. Olvida
al catrín de traje de gala; el nuevo Charro Negro es un "vato" alto, güero, de ojo claro, con el
porte de que manda en todo el estado.
No usa sombrero de ala ancha, sino una gorra negra ajustada que apenas deja ver su
mirada de hielo. Viste pantalones tácticos, botas de piel de exótico y una playera negra que
no alcanza a ocultar sus brazos mamadisimos, marcados por tatuajes.
Este no busca almas por simple maldad. Él aparece cuando el hambre aprieta o la ambición
quema. Si te lo topas en un camino solitario, no te ofrecerá monedas de oro, sino pacas de
billetes verdes y "poder" si aceptas el trato, tus enemigos desaparecerán y el dinero llegará
a manos llenas, pero el precio es bélico. No solo quiere tu alma al morir; quiere que trabajes
su "plaza" en vida. Te entrega un amuleto, pero cada deseo cumplido se paga con una
cuota de sangre o una traición que no podrás evitar.
Cierto día un chico de escasos recursos, de cabellos castaños y piel morena se hallaba
rogando al cielo un milagro, pues se había quedado sin un peso y no sabía en dónde
dormiría esa noche.
—Por favor… Solo quiero unas monedas. —rogaba sin parar, en las calles del centro de
México.
Y sin que se lo esperara, se comenzó a oír el rugido de un carro. El chico confundido volteo
a ver que era y cuando lo vio no se lo podia creer.
Era un ferrari negro, el ultimo modelo. Brillante e impecable. Un carro que no pertenecía a
esas calles.
El cual se detuvo frente a el.
Y notas de corridos tumbados se empezaron a escuchar.
La puerta se abrió hacia arriba. Fue entonces cuando por fin lo vio.
Botas negras relucientes tocando el suelo primero. Luego el pantalón ajustado, la camisa
entreabierta dejando ver una cadena gruesa de oro descansando sobre su pecho firme y
brazos llenos de tatuajes.
Era alto.