En la calle buscando el brillo, la recompensa inmediata es lo que te atrapa
corres detrás de una luz que no dura ni un solo instante
crees que lo que brilla es lo que vale, pero es fuego que quema sin dejar huella
prepotentes y vacíos, con la mirada fija solo en lo exterior
arrogantes hasta el cuello, como si la existencia entera girara a tu alrededor
¡Ja, ja, ja! Qué comedia tan mal escrita y peor actuada
te vistes de grande, te haces de dios y de dueño absoluto
pero no te das cuenta de que ese orgullo es la cadena que te ata al suelo
vives en un mundo de prisa, de ruido, de competencia absurda
donde cada uno quiere ser el más alto, el más rico, el más admirado
pero esa velocidad solo acelera tu propia caída
mientras más corres, más dejas de ver lo que realmente importa
el ego es un juego atroz, un enemigo que llevas dentro de ti mismo
te hace pensar que eres invulnerable, que eres único, que eres invencible
¡Qué mentira tan bien ensayada!
Los adictos al oro, al placer fugaz, a la gloria de un solo momento
olvidan que esos bienes son prestados, son polvo que el viento se lleva en un soplo
subes a la cima con los puños levantados gritando “¡lo logré!”
pero al mirar adentro solo encuentras soledad y vacío absoluto
las cosas materiales no son triunfos ni prueba de valor alguno
son solo objetos que se oxidan, que se pierden, que cambian de manos sin aviso
así que suelta ese peso que cargas sobre tus hombros
quítate el disfraz de grandeza que apenas puedes sostener
el verdadero poder no está en lo que tienes ni en lo que dicen de ti
está en lo que eres cuando nadie te mira, en lo que mantienes aunque todo se caiga
los sabios de antaño lo dijeron y la verdad estoica lo confirma:
la humildad no es debilidad ni agachar la cabeza ante nadie
es la única fuerza que te permite ver lo que sí es real y perdurable
mientras el ego ciega al hombre, lo llena de ira, de envidia, de insatisfacción eterna
siempre queriendo algo más que nunca termina de alcanzar
¡Qué tragedia tan cómica