Una carta de Anna, un relicario al despertar,
"Tu hija vive y te busca", fue mi condena al mar.
Años de huracanes, de abordaje y furia ciega,
mientras mi sangre propia en otra cubierta navegaba.
En Tortuga una pirata, con mirada de metal,
pelo de fuego antiguo, un eco ancestral.
"Ven a mi barco, muchacha", le ofrecí protección,
ella dijo "no" con orgullo... ¡mi propia maldición!
No vi en sus ojos verdes el color de mi pasión,
no escuché en su voz ronca mi misma obsesión.
Era mi sombra en espejo, mi legado de temor,
y la dejé marcharse, sellando su dolor.
¡Y NO LA RECONOCÍ! ¡CUANDO TENÍA QUE SALVARLA!
¡SU SANGRE ME GRITABA Y YO NO SUPE ESCUCHARLA!
¡LE DI MI MANO Y ELLA, CON MI PROPIO ORGULLO, LA RECHAZÓ!
¡Y ESA NOCHE, EN SU CUBIERTA, OTRO PEDAZO DE MI SE AHOGÓ!
¡ES MI HIJA! ¡LA PIRATA QUE QUEMÓ MI CIELO EN ROJO!
¡MI MAYOR VICTORIA Y MI MÁS DESGARRADO ENOJO!
BUSCÓ MI NOMBRE EN CADA OLAPERO YO BUSCABA SU RASTRO EN EL BAJEL,
¡Y AL CRUZARNOS, EL DESTINO NOS CERRÓ SU MORTAL CERRAJÓN!
Gritos de gaviota rota, cuerdas que se destrenzan.
Noticias de Jamaica, capturada y encadenada,
"Mary Read en prisión", la sentencia fue dictada.
Corrí como un demente, rompí murallas, abrí la mar,
pero solo hallé su fantasma... y un relicario al final.
Satén blanco de burla, latín sobre piel herida,
rompieron sus dedos uno a uno, le arrancaron la vida.
Y yo, que pude ser su escudo, que pude ser su faro,
llegué tarde... solo a firmar su acta de descargo.
¡ES MI HIJA! ¡LA PIRATA QUE QUEMÓ MI CIELO EN ROJO!
¡MI MAYOR VICTORIA Y MI MÁS DESGARRADO ENOJO!
BUSCÓ MI NOMBRE EN CADA OLAPERO YO BUSCABA SU RASTRO EN EL BAJEL,
¡Y EL CARIBE NOS UNIÓ... SOLO PARA DARNOS LA TUMBA EN COMÚN!