Ya me dijeron que andas preguntando por mi vida,
que si todavía guardo aquel verso en el cajón.
Yo sigo aquí, en el pueblo, curando las heridas,
pero tú sigues siendo la reina en mi corazón.
Desde que te fuiste, el sol se oculta más temprano,
y el río Guatapurí me cuenta de tu adiós,
yo sigo con el alma prendida de tu mano,
pidiéndole un milagro a la voluntad de Dios.
Porque un amor de Valledupar no se olvida con cualquiera,
es como el árbol de cañaguate que florece en primavera.
¡Ay! Por eso vuelvo a cantarte esta melodía,
con el alma abierta y el pecho en un solo grito,
tú eres la nota que le faltaba a mi alegría,
el amor más puro, el amor más infinito.
Si me das un beso, yo te entrego el mundo entero,
te llevo en mi canto, mi morena, mi ilusión,
que sepa la gente cuánto es que yo te quiero,
porque tú eres la dueña de mi alma y mi acordeón.
Me fui pa' la montaña a ver si te borraba,
pero en cada lucero miraba tu mirar.
La brisa de la tarde tu nombre me silbaba,
y el eco de tu risa no dejaba de sonar.
No importa que el camino se ponga cuesta arriba,
ni que hablen los envidiosos de nuestra relación,
mientras yo tenga vida