(Verso 1)
Crecí en la sombra, guardando el silencio,
una niña invisible en un mundo de piedra.
Miraba injusticias, sentía el tormento,
de ver a los buenos llorar en la hoguera.
Atada de manos, no podía hacer nada,
tragándome el llanto, con la voz apagada.
Pero dentro de mí, un fuego latía,
un eco sagrado que me protegía.
(Pre-Coro)
Me costó mil tormentas plantarme en el suelo,
poner los límites, romper este velo.
Decidí ser la niña que siempre callaron,
abrazar el misterio que tantos negaron.
(Coro)
Y acepté mi don, no lo vuelvo a ocultar,
aunque me juzguen, no me voy a quebrar.
Que me llamen loca, que sientan el miedo,
yo ya no juego al juego del ciego.
Su hipocresía no pudo aguantar,
mi intuición los vio y tuvieron que marchar.
Se alejaron solos, cayó su disfraz,
y por fin mi alma descansa en paz.
(Verso 2)
Se fueron los falsos, quedó el escenario limpio,
su miedo es el espejo de su propio laberinto.
Me miran de lejos, me apuntan con el dedo,
pero ya no me alcanza, ya no tengo miedo.
Lo que antes dolía, hoy es mi armadura,
mi don no es locura, es luz en la anchura.
No soy la que fui, la que se escondía,
soy la mujer que reclama su guía.
(Puente)
Y ahora que soy mía, completa y segura,
puedo extender la mano en la noche más oscura.
A las almas buenas que sufren la herida,
les entrego mi fuerza, les cambio la vida.
Ayudo de corazón, sin pedir nada a cambio,
porque sé lo que se siente vivir en el cansancio.
(Coro)
Y acepté mi don, no lo vuelvo a ocultar,
aunque me juzguen, no me voy a quebrar.
Que me llamen loca, que sientan el miedo,
yo ya no juego al juego del ciego.
Su hipocresía no pudo aguantar,
mi intuición los vio y tuvieron que marchar.
Se alejaron solos, cayó su disfraz,
y por fin mi alma descansa en paz.
(Outro)
Libre, segura... por fin soy yo.
El don que callaba, hoy se encendió.
Para los buenos, una luz en la vía...
Esta es mi fuerza, esta es mi vida.