El suelo crujió con fuerza un veinticuatro de junio,
la tierra tembló bravía rompiendo cualquier fortuna;
en solo segundos cambió la historia de una nación,
dejando dolor y luto retumbando en el rincón.
Pero en medio de la ruina, de la sombra y del escombro,
había un alma dispuesta a ganarle al propio asombro.
Veintitrés horas eternas sepultada en la penumbra,
donde la fe y la esperanza eran luz que aún deslumbra.
Manos de hombres y mujeres que cavaban sin cesar,
con el alma en un hilo y sin dar el brazo a torcer;
no pararon un instante, sudor, fuerza y valentía,
hasta sacarla con vida desafiando a la agonía.
¡Karina Bechara, ejemplo de temple y de corazón!
La tierra te quitó el paso, mas no la ilusión.
Sobreviviste al abismo, naciste entre los escombros,
cargando al mundo entero sobre tus valientes hombros.
Hoy tus piernas ya no están, pero brilla tu sonrisa,
porque el amor a la vida es fuerza que no se pisoza.
Y fue grande el reencuentro, cara a cara con el héroe,
de aquel que sacó del fondo cuando el dolor se interpone;
un abrazo sincero y apretado de agradecidos,
recordando que en la prueba somos todos un latido.
La tragedia te arrancó parte de tu propia andadura,
pero hoy caminas erguida con el alma más madura.
Entrenando fuerte a diario junto a tus hijos amados,
demostrando que los sueños nunca se quedan tirados.
Hoy faltan esas prótesis para alzar de nuevo el vuelo,
y la patria entera se une para devolverte el suelo;
porque tu lucha es de todos, traspasando las fronteras,
con la fe por estandarte y con puras verdaderas.
¡Karina Bechara, ejemplo de temple y de corazón!
La tierra te quitó el paso, mas no la ilusión.
Sobreviviste al abismo, naciste entre los escombros,
cargando al mundo entero sobre tus valientes hombros.
Hoy tus piernas ya no están, pero brilla tu sonrisa,
porque el amor a la vida es fuerza que no se pisoza.
Que se escuche desde Venezuela hasta el último rincón...
Una vida que renace, un motivo, una razón.
¡Fuerza, Karina! Tu andar ya viv